Historia

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A finales del siglo XIX tuvieron lugar numerosas innovaciones y cambios técnicos que condujeron a que este periodo quedara señalado como el de la “Segunda Revolución Industrial”. España participó de ellos, y en particular Asturias, que vivió con inusitada pujanza una intensa creación de empresas de todo tipo. Una de las más importantes y significativas, tanto por lo que habría de resultar en sí misma como por la innovación que supuso, fue Sociedad Anónima Tudela Veguín.

La fundación de la misma fue iniciativa de D. Elías Masaveu Rivell, quien con motivo de las obras que se iban a llevar a cabo en el Puerto de El Musel, en Gijón, decidió constituir Sociedad Anónima Tudela Veguín, lo que se llevó a cabo el 28 de junio de 1898 en escritura pública ante el notario de Oviedo D. Secundino de la Torre. El capital, de 1.000.000 de pesetas, fue suscrito por la sociedad Masaveu y Compañía, y el primer Consejo de Administración fue presidido por D. Elías Masaveu Rivell.

Podría parecer una empresa más de las que en ese periodo se constituyeron si no fuera porque el objeto de la misma era absolutamente novedoso en España: la fabricación de cemento artificial. En efecto, esta empresa abría un camino totalmente nuevo en nuestro país.

Los fundadores

La iniciativa de creación de una fábrica de cemento artificial correspondió a la Sociedad Masaveu y Compañía, o Casa Masaveu. El término “Casa”, sinónimo de empresa, mantenía en el “ochocientos” unas connotaciones familiares, pues, efectivamente, los grupos familiares estaban todavía en buena medida tejidos sobre relaciones de parentesco. Es importante detenerse sobre esta cuestión, puesto que las relaciones comerciales se sustentaban sobre el crédito personal, y éste estaba basado a su vez en dos pilares: la honestidad personal y la solvencia económica, siendo la solidaridad familiar fundamental para sostenerla. En estos años del fin de siglo es cuando en España empieza a manifestarse el cambio hacia las formas de responsabilidad limitada, siendo la Casa Masaveu una de ellas.

D. Elías Masaveu Rivell había nacido en Castellar del Vallés en 1847. Con trece años llegó a Oviedo a emplearse en el negocio de tejidos que en la calle Cimadevilla regentaba su tío D. Pedro Masaveu Rovira, fundador de la Casa Masaveu en 1840. Ahí comenzó, pues, su carrera empresarial, y en el comercio de tejidos pudo hacerse con unos conocimientos y un capital que luego le permitirían abordar otros proyectos.

Llegamos a la última decada del siglo. Asturias es un hervidero de proyectos. No solo la minería del carbón y la siderurgia tienen desarrollo, sino otras muchas ramas industriales que van cristalizando: alimentación, construcción naval, gas y electricidad, química, navegación y transporte, entre otros. La Casa Masaveu participa en algunas de ellas, pero va a diseñar su propio proyecto. Buenos intérpretes de la realidad que les circunda, y con una visión de largo alcance que les permite intuir dónde hay expectativas favorables –aspecto clave para el empresario– se deciden la creación de una fábrica de cemento.

No habría de pasar mucho tiempo para ver confirmadas sus expectativas: la industrialización, el crecimiento urbano y las obras públicas harían del cemento un elemento clave.

Evolución de la empresa

Apenas puesta en marcha la fabricación con un horno Krupp, y en vista de la buena aceptación –a pesar de la dificultad de colocación de un producto nuevo– se decidió una potenciación de la producción. Dos sucesivas ampliaciones de capital en 1901 –hasta alcanzar los 5.000.000 de pesetas– supusieron la inyección financiera que permitió instalar sucesivamente cuatro hornos Fellner-Ziegler de gran capacidad productiva. Para entonces ya habían aparecido en otros puntos de España otras fábricas de cemento.

Con motivo del elevado consumo de carbón, la Casa Masaveu decide participar en dos empresas para la explotación minera, Carboneras de Valdecuna y Hulleras de Seguín y Olloniego (1918). Los años veinte contemplan un apreciable tirón de la demanda, y consiguientemente de la producción, que se multiplica por cinco. Aparecen en otras regiones nuevos grupos productores de cemento, y la lucha por los mercados, a pesar de la dispersión regional y de una cierta compartimentación, se acentúa.

El siguiente impulso inversor data de 1928, que se hace ante las expectativas de incremento de las obras públicas, más concretamente de los puertos asturianos. Se decide la construcción de un horno rotativo de vía húmeda que permitirá duplicar la capacidad de producción, que entonces estaba en 60.000 toneladas/año. El horno se pone en funcionamiento en 1931.

Tras el parón de la Guerra Civil, comienza una lenta recuperación, tardando unos años en superar los niveles de preguerra. El aumento de las ventas aconseja la ampliación de la producción, lo que se lleva a cabo con la instalación de un nuevo horno que entra en servicio en 1948. Pero las expectativas favorables hacen pensar en una solución alternativa, y se proyecta una nueva planta en Aboño (próxima al Puerto de El Musel) que explotaría las canteras de la zona y que se inaugura en 1953.

La racionalización de la producción no solo afecta a las plantas productoras, y se produce un curioso hecho que habla bien a las claras de la profesionalidad y el ingenio de sus técnicos: con ocasión de la producción de la presa de Grandas de Salime, se bate el récord mundial de hormigonado. Para ello se había formado un complejo dispositivo en la fábrica, a lo que se unía el desplazamiento de maquinaria a la obra. El resultado fue conseguir la asombrosa cifra de 120 metros cúbicos/hora.

Los años sesenta son de consolidación de ventas. Conllevan sucesivas ampliaciones de la capacidad productiva, tanto en Tudela Veguín como en Aboño. En 1968 se incorpora al Grupo Tudela Veguín la empresa Cementos La Robla, S. A., con capacidad de 400.000 toneladas/año, y Cementos Valgrande. Un año después se instala otra fábrica de cemento en Aboño; Cementos del Cantábrico, S. A.

El bajo precio por unidad de peso del cemento convierte al transporte en elemento clave para su comercialización, y para ampliar su radio de competitividad el Grupo Tudela Veguín llevó a cabo tres importantes actuaciones: la instalación de silos en las costas gallegas, la construcción de barcos adhoc para la alimentación de dichos silos, y simultáneamente la mejora de los medios de acopio hasta el embarcadero.

Para lo primero se levantaron silos, destacando entre otros, por su movimiento, los de los puertos de Vigo, La Coruña y Villagarcía; para lo segundo se encargó a la E. N. Bazán en el año 1968 la construcción de dos modernos buques gemelos para el transporte de cemento a granel con capacidad para 2.700 toneladas cada uno. El “Cementador” y “Fraguador”, siendo el primero, con el tiempo, adaptado para desembarcar la carga debidamente ensacada. El éxito del mismo trajo consigo la construcción del “Encofrador” y “Cementos del Cantábrico”, con capacidad de transporte de 6.200 y 5.200 toneladas, respectivamente. Por último se realizó la perforación del promontorio de Torres con un túnel que conecta, mediante cinta transportadora, las plantas de Aboño con los muelles de El Musel. La eficacia del sistema redundó en una importantísima reducción de costes, que añadió un nuevo elemento de racionalización a  la empresa.

De igual forma, se procede a una diversificación de productos, instalándose un horno de cemento blanco con capacidad para producir 75.000 toneladas/año, un horno de cal  fundamentalmente para la industria siderúrgica con capacidad de 350.000 toneladas/año, dos hornos de dolomía calcinada con capacidad de 150.000 toneladas/año, que dará un producto para múltiples usos tanto agrícolas como industriales, y una instalación para la obtención de 600.000 toneladas/año en áridos de distinta granulación.

Independientemente de las inversiones ligadas directamente a las fábricas de cemento y a la distribución de este producto, Cementos Tudela Veguín ha creado empresas industriales en campos lligados a la industria cementera tan importantes como el hormigón preparado, sector en que fue pionera en Asturias y Galicia a través de “General de Hormigones, S. A.", y “Hormigones de Galicia, S. A.”, manteniendo en la actualidad una importante presencia en ambas comunidades, así como en la de Castilla y León.

En el sector de Prefabricados de Hormigón, PREFASA es el líder en el mercado asturiano, extendiendo su presencia a las provincias limítrofes.

El aprovechamiento de escorias siderúrgicas se inició en 1970 a través de Áridos Asturianos, S. A. beneficiando un producto que hasta esa fecha se arrojaba, en su mayoría, al mar. Actualmente, y a través de EDERSA, se gestiona el aprovechamiento de la totalidad de las escorias de horno alto que se producen en las instalaciones de Arcelor.

En el sector del mortero seco, cemento cola, revocos, etc., se han instalado tres grandes fábricas: en Asturias se cuenta con la mayor planta de mortero seco de España en la actualidad, en las instalaciones de PREFASA; en Galicia (Galaica de Morteros S. A.), y en Castilla y León (Morteros y Hormigones de León S. A.), utilizándose en todas ellas los últimos avances tecnológicos

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